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Domingo 19 de agosto, 2018

Editorial Lapaginacr.com

Xenofobia y pérdida de valores en la sociedad costarricense: una alerta urgente de escuchar

      San José, Costa Rica. Domingo 19 de agosto, 2018. (Lapaginacr.com). Las manifestaciones de un grupo de costarricenses, de diversas edades, cargadas de odio, ofensas y deseos de agredir a extranjeros que alberga el Parque Braulio Carrillo conocido como Parque La Merced, por  su ubicación, frente a la Iglesia Católica Nuestra Señora de La Merced,  es un hecho vergonzoso, que no representa la idiosincracia del ser costarricense hospitalario y deja entrever una pérdida de valores en varias generaciones de costarricenses así como un desconocimiento total de la historia nacional y la realidad de los inmigrantes.

    Costa Rica es un país que ha recibido en su historia extranjeros de muchas nacionalidades quienes han adoptado al país como su patria, amándola, haciéndola própera y viendo sus descendientes crecer. Este hecho unido a la hospitalidad que ha caracterizado a los ticos, ha sido un estandarte de presentación que atrae turismo e inversión que da oportunidades a muchos, lo cual es un beneficio para todos.

      Agresiones a turistas que involucran como presuntos sospechosos a extranjeros deben ser abordadas con la seriedad, urgencia y compromiso por las autoridades involucradas, así como la atención de migrantes debe ser una labor permanente entre las entidades involucradas conjuntamente con organismos internacionales que tienen representación en el páis, para brindar la adecuada protección, refugio, atención médica, atención lúdica y aspectos culturales y legales, que amerita revisión constante, monitoreo y evalaución. para garantizar confianza al nacional y al extranjero residente.

     No podemos aceptar estos hechos -hoy aislados- como parte de su idiosincracia, por el contrario sentar un precedente de lo que hemos omitido y estamos haciendo incorrectamente desde el hogar, la educación formal o informal, pues no se trata solamente de dar un diploma a personas vacías de valores, debemos retomar la enseñanza de los valores que se han perdido.  Es vergonzoso, preocupante  y no puede ser tolerada ni justificada la participación de ciudadanos costarricenses en marchas de xenofobia, sino asumir esta alerta de pérdida de generaciones que crecieron sin recibir los  valores mínimos del respeto, tolerancia y solidaridad que debieron ser inculcados en el hogar y reforzados en el centro educativo e iglesias que profesan valores cristianos como lo es el amor al prójimo. Hagamos un alto como costarricenses pues aún estamos a tiempo de enmendar y mejorar.

     Este sábado 18 de agosto es un día que no debe pasar inadvertido por la sociedad costarricense,  hogares, centros educativos, oganizaciones religiosas, medios de comunicación,   funcionarios encargados de representar al país en atención de la comunidad migrante. Este hecho debe ser abordado por centros educativos donde se debe aprender además de la instrucción, a ser ciudadano, ciudadano de bien, con valores de respeto, honestidad, solidaridad y bondad.

    La historia del país no se ha construido sola, se ha ido conformando con el aporte de muchos exranjeros, y ha figurado como una zona de transición, en la que muchos decidieron quedarse y contribuir con obras, proyectos y negocios, entre ellos tenemos a don Henry Meiggs y Minor Keith quienes ayudaron en la construcción del Ferrocarril en el país, y dio origen al transporte en tren que favorece a los costarricenses.

      Reflexionemos con la poesía y grandes pensadores sobre la realidad que nos rodea afuera de nuestras fronteras, en nuestros hogares y comunidades.  Citamos al novelista ruso  León Tolstói: El buen juicio no necesita de la violencia . Y al poeta argentino Rafael Amor con su canción "No me llames extranjero" y enseñemos a nuestros niños y jóvenes "Que la guerra no me sea indiferente: es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente" como nos lo dice Mercedes Sossa. 

Rafael Amor: No me llames extranjero

No me llames extranjero

No me llames extranjero porque haya nacido lejos,
o porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo.
No me llames extranjero porque fue distinto el seno
o porque acunó mi infancia otro idioma de los cuentos.
No me llames extranjero si en el amor de una madre
tuvimos la misma luz en el canto y en el beso
con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.

No me llames extranjero, ni pienses de dónde vengo,
mejor saber dónde vamos, adónde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego
calmen mi hambre y mi frío, y me cobije tu techo.
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo,
tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,
y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.

Y me llamas extranjero porque me trajo un camino,
porque nací en otro pueblo, porque conozco otros mares,
y un día zarpé de otro puerto,
si siempre quedan iguales en el adiós los pañuelos
y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos,
y los amigos que nos nombran y son iguales los rezos
y el amor de la que sueña con el día del regreso.

No, no me llames extranjero, traemos el mismo grito,
el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras,
antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños,
ellos son, ellos son los que inventaron esta palabra: extranjero.

No me llames extranjero, que es una palabra triste,
que es una palabra helada, huele a olvido y a destierro.
No me llames extranjero, mira tu niño y el mío
cómo corren de la mano hasta el final del sendero,
no los llames extranjeros, ellos no saben de idiomas,
de límites, ni banderas, míralos, se van al cielo
por una risa paloma que los reúne en el vuelo.

No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mío,
el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
ellos no eran extranjeros, se conocían de siempre
por la libertad eterna e igual de libres murieron.
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
y verás que soy un hombre (ser humano), no puedo ser extranjero.

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